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13 de marzo de 2017

Carta literaria: La música de mi cabeza

El sábado pasado fui a ver un espectáculo sobre musicales clásicos y confieso que no pude haber disfrutado más. Cierto es, no te voy a mentir, que la mayoría los había visto de pasada o la semana anterior para no perderme durante el show, pero quedé enamorada completamente de la puesta en escena, de las voces, de los actores y de todo el ambiente en general que crearon. Incluso me hizo olvidar todos los barullos que tenía en la cabeza, ya sabes cómo andaba mi familia y cómo ha acabado todo al final. Salí de casa sin ganas de nada, hasta pensé en no ir al teatro, pero ya lo tenía pagado y no iba a dejar a mi amiga de lado. Además sabía que salir me animaría aunque fuera un poco, y me arrepentiría luego si me quedaba en casa. Total que me encontré con mi amiga y nos fuimos las dos directas al teatro. No sé cómo lo hace, pero a su lado todo es más divertido. Entre eso y lo mucho que me gustó la obra casi se me olvida por qué estaba triste. Casi. De vez en cuando, en los oscuros me acordaba, pero me decía a mí misma que tenía que disfrutar y relajarme aunque solo fuese un rato. 

Microrrelatos

Una y otra vez
Intentaron olvidarse, pero solo consiguieron recordase.

Festín
El tintineo de cubiertos formaba una pequeña orquesta junto con las risas, los sorbos y los secretos a voces. Podría haberse unido, pues le gustaba mucho cantar, pero el único sonido que emitiría sería el de su espalda crujir al ser acuchillado por su comensal.

Dato escondido: Ella

Preciosa era el adjetivo que no paraba de repetir y grandiosa era el piropo más discreto que le sabía dedicar. No paraba de describírmela con todo detalle y yo temía que se me pasara la parada del autobús. Él era uno de esos hombres mayores que con solo dar los buenos días ya te contaban su vida entera, pero era muy agradable escucharlo. Me había pillado por sorpresa cuando le cedí mi asiento hacía tres paradas y ya conocía a su gran amor como si fuera el mío mismo. Apreté el botón rojo, como me habían indicado, me despedí de él amablemente y bajé preparada para mi primer día en aquella nueva ciudad, aunque ya no me parecía tan nueva después de todo lo que me había contado aquel hombre.