Al final de un largo camino de piedras grisáceas rodeado de
estatuas clásicas, árboles esmeralda y preciosas plantas de todos los colores
que se pueden imaginar, se encontraba un gran palacio, digno de un rey; en este
caso, de un gobernador. Chris llegó a la puerta, dio unos toques y un hombre de
uniforme le abrió.