Todos los cumpleaños la misma historia: la tarta era trabajo mío. Maldito el momento en el que me aficioné a la repostería. Como no me quedaba más remedio me puse el delantal y abrí mi cuaderno de recetas. Las hojas estaban arrugadas, manchadas de masa, de aceite, de chocolate, la tinta de algunas palabras estaba emborronada… pero me daba demasiada pereza comprar uno nuevo. Un escalofrío recorrió mi espalda al ver los ingredientes. ¿Tendría todo lo que necesitaba? Me temía que no, y la ojeada que eché a la despensa me lo confirmó.